Renacer en las Maldivas




Tras cuatro años de divorcio, Claire recibe una terrible noticia: su  adorado George se casa dentro de un mes. Para superar el mal trago  decide hacer un viaje a las Maldivas, donde conocerá a Mathew, un médico guapo, divertido... y sexy como el pecado. Una historia de a  alto voltaje que no puedes dejar escapar.






        


Primeros capítulos

PRÓLOGO

      La lluvia repiquetea en el cristal de mi estudio mientras me tomo una taza de chocolate caliente que consiga caldear mis huesos helados. Llevo aquí sentada más de una hora intentando asimilar que George me ha pedido el divorcio. Sin un indicio, sin una explicación… Simplemente se acabó.
      Llevábamos nueve años de matrimonio, nueve años en los que he sido completamente feliz. Mi marido me dejó desarrollar la pasión que corría por mis venas, esa que siempre quise explorar y que jamás conseguí olvidar: la pintura. George prefirió trabajar horas extra para que yo pudiese ir a los diferentes cursos en los que puse a prueba mis capacidades como pintora, en los que aprendí todas las técnicas necesarias y en los que me codeé con la gente que ahora alaba mi trabajo en las grandes galerías. Y ahora que todo eso ha quedado atrás, ahora que puedo dedicarle a mi matrimonio todo el tiempo y el esfuerzo que se merece… se acabó.
      He intentado innumerables veces que me explique qué es lo que está mal, qué le llevó a tomar tan drástica decisión, y él siempre me da la misma contestación.
      —Cariño, no has hecho nada mal, ni yo tampoco. Simplemente hemos llegado a un punto en el que las llamas del amor se han apagado, y ya no quedan ni los rescoldos.
      —¡Pues avivémoslas! ¿Por qué demonios no quieres intentarlo? ¿Acaso hay otra mujer?
      —¡Claro que no! ¿Pero cómo revivir algo que ya está muerto? Te quiero mucho, Claire, pero no te amo. No quiero seguir atado a un matrimonio basado tan solo en una mentira. Necesito respirar, ver qué demonios nos depara el futuro, y tú debes hacer lo mismo.
      Muerto. Su amor ha muerto, y yo estoy completamente destrozada por amar a alguien que no me corresponde. Siento cómo mi vida se va acabando poco a poco, y lo único que puedo hacer es llorar. Pero tengo que superarlo, tengo que sobreponerme de este dolor que me roe las entrañas, porque tengo que pensar en mi hija, esa pequeña que crece en mi interior y de la que George no tiene ni idea.
      Debo decírselo, lo sé, pero esperaré a que el divorcio sea un hecho, porque no quiero que este pequeño milagro influya en su decisión de seguir su camino. Jamás entenderé qué ocurrió, pero si hay algo de lo que estoy segura es que no utilizaré a este bebé para retenerle a mi lado. 

Capítulo 1

Cuatro años después… 

      Me dejo caer en uno de los sillones del estudio de arte de Jean Paul, mi mejor amigo y con quien vivo desde que me divorcié de George. La exposición de mis cuadros ha sido todo un éxito, y hemos conseguido una pequeña fortuna por las ventas de varios de ellos.
      Mi querido amigo se acerca con una copa de champán en cada mano, se sienta a mi lado y brindamos sonrientes.
      —Por el éxito rotundo —dice antes de dar un sorbo a su copa.
      —¿Tú crees? La verdad es que no ha estado nada mal, ¿verdad?
      —¿Que no ha estado mal? Claire, has vendido nueve cuadros, tesoro. Ha estado genial.
      —Quizás ahora podamos mudarnos a un apartamento y dejaros intimidad.
      —No digas bobadas, Elliot está encantado de teneros por casa. Os adora y lo sabes. Por cierto, ¿cuándo tienes que recoger a la pequeña?
      —George la traerá a casa mañana. Quería llevarla al parque de atracciones. Ya le he dicho que aún es muy pequeña, pero…
      —Déjale que la malcríe. Al fin y al cabo, es su padre.
      —Cierto, y la ve mucho menos de lo que le gustaría debido a su trabajo.
      —¿Qué te parece si celebramos tu éxito saliendo por ahí? Elliot ya se fue a casa, pero estoy dispuesto a sacrificarme.
      —Estoy muy cansada, Paul. Necesito una buena dosis de sueño.
      —Tienes que salir y distraerte, Claire. Ya hace cuatro años desde que te divorciaste, y aún no te he visto con ningún hombre.
      —Mi hija es mejor que cualquier hombre, ¿sabes? No necesito a nadie más.
      —Algún día Sarah crecerá y hará su vida, y entonces serás demasiado vieja como para hacer lo mismo. Tienes ya treinta y ocho años, Claire.
      —Aún no estoy preparada.
      —Muy bien, como quieras —se levanta del sillón con un suspiro—. Levanta ese hermoso culo del sofá, que nos vamos a casa.
      —Paul… lo intentaré, ¿de acuerdo? Pero no hoy. Hoy no soy capaz de hacerlo.
      —¿Y qué tiene hoy de especial?
      —Hoy sería nuestro aniversario —digo agachando la cabeza—. Hoy haría trece años desde que nos casamos.
      —Mi pequeña tonta… —se acerca a abrazarme— Necesitas un hombre pero ya. Además, el trece es el número de la mala suerte, mejor que se terminara en el nueve.
      —¡Anda, vamos a casa!
      Debo reconocer que mi amigo me ha arrancado una sonrisa a pesar de la pena que siento en este momento. Ya han pasado muchos años, ya debería de haberlo superado, pero cada vez que veo a George aparecer por casa para recoger a la pequeña Sarah mi corazón se salta un latido.
      Nuestra relación es cordial, por decirlo de alguna manera. En realidad trato de parecer amigable aunque por dentro me muera poco a poco, pero debemos llevarnos bien por el bien de la niña. Alguna vez hemos ido al parque como una familia de verdad, pero al llegar a casa ese sueño se ha desvanecido como el humo.
      Me desnudo por completo y me meto bajo las sábanas. Esta noche el sueño tarda en llegar, como todos los fines de semana que George se lleva a Sarah, pero cuando llega, sueño con un amanecer en la playa y un desconocido surcando las olas del mar.



No hay comentarios:

Publicar un comentario